Parroquia de Nuestra Señora de las Virtudes

Está asociada a la donación que en 1342 hace el rey Alfonso XI del cercano Castillo de Matrera y de todas las tierras contenidas bajo su demarcación a la ciudad de Sevilla; fecha a partir de la cual desde esta ciudad se decide su población, vendiendo el territorio a censo perpetuo a una comunidad procedente de diversas partes de las provincias de Cádiz y Sevilla, quienes en 1503 adquieren mediante documento el pleno dominio del campo de Matrera. No obstante, Sevilla reclama los territorios insistentemente, originándose un largo pleito sobre la titularidad de estas tierras que no se resolvería favorablemente para la población ya consolidada de Villamartín hasta el año 1818.

Esta continuada dependencia de la población hacia el cabildo de Sevilla da lugar a que en ella trabajen algunos de los más prestigiosos arquitectos del arzobispado de aquella ciudad, como es el caso de Juan de Oviedo y de Martín de Gainza quien, a mediados del siglo XVI estaba al frente de las obras de esta parroquia de Nuestra Señora de las Virtudes, la íglesia más importante de la localidad, que debió ser en su origen un templo gótico-mudéjar según se deduce por la fecha de su construcción y los arcos apuntados existentes sobre los pilares del cuerpo de la iglesia.

En 1525 hay constancia del uso de la parroquia para bautizos.​

Martín de Gaínza, fue designado en 1535 Maestro Mayor de la catedral hispalense y encargado de distintas obras en tierras del arzobispado, debió continuar con la Sacristía de esta parroquia, cuyas bóvedas recuerdan a las realizadas por él mismo en la de la Iglesia de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera.

Iglesia Parroquial de Santa María de las Virtudes

Es el templo principal de Villamartín. Comenzó a construirse en la primera mitad del siglo XVI, poco después de la fundación del municipio en 1503.
Arquitectónicamente tiene planta de tres naves separadas por pilares, con techumbre de madera y elementos mudéjares en los tramos iniciales, y rasgos renacentistas en la cabecera y sacristía gracias a intervenciones de maestros como Martín de Gaínza. 
Destacan su retablo mayor (siglo XVII, Francisco Dionisio de Rivas; esculturas de Pedro Roldán), la colección de platería de los siglos XVI-XVIII, y la torre-fachada diseñada por Hernán Ruíz II.